Albazo en Morena profundiza fractura interna en Mérida: Diego Carrera toma control de la bancada guinda

0
21

La crisis interna de Morena en el Cabildo de Mérida se agudiza. Sin anuncio oficial, sin consenso y sin transparencia, Diego Carrera Pérez habría asumido la coordinación de los regidores del partido guinda, en lo que ya es considerado por actores políticos como un auténtico albazo pactado en lo oscurito.

Aunque la dirigencia estatal y municipal de Morena guarda un silencio cómplice, incluso en las filas del PAN ya circula la información de que Carrera es el nuevo coordinador, dejando fuera a Adrián “Goro Fósforo” Gorocica Rojas, quien durante cinco meses se negó a soltar el cargo, pese a que su periodo venció desde septiembre de 2025.

El relevo, lejos de representar una renovación ordenada, exhibe el desaseo político con el que se maneja la bancada morenista en Mérida. Todo apunta a que la maniobra fue acordada únicamente entre Gorocica, Carrera y Georgina Piña, regidora y operadora política cercana al diputado federal Óscar Brito, conformando un pequeño grupo que controla decisiones y margina al resto.

Una muestra clara de esta exclusión fue la reciente rueda de prensa convocada a nombre de la bancada, a la que no fueron invitados Berenice Rivero Silva, Denisse Pérez Rodríguez ni José Manuel Peniche Marenco, evidenciando que dentro del propio Morena hay regidores de primera y de segunda.

Este nuevo episodio confirma la profunda división que desde hace meses atraviesa el partido en el Cabildo. La intolerancia, el autoritarismo y la falta de diálogo de “Goro Fósforo” provocaron la formación de dos bloques irreconciliables, mientras la dirigencia partidista optó por la omisión, permitiendo que el conflicto se pudriera desde dentro.

Con su pasividad, Morena no solo avala el desorden, sino que manda un mensaje político preocupante: prefiere quedarse con tres regidores alineados a un grupo de poder, antes que mantener una bancada plural, cohesionada y funcional. En los hechos, el partido parece dispuesto a sacrificar representación y credibilidad con tal de proteger intereses internos.

La situación resulta todavía más grave si se considera el contexto electoral y político en Mérida, donde Morena no atraviesa su mejor momento. La falta de resultados, los conflictos internos y la ausencia de liderazgo han debilitado su presencia frente a una oposición que observa, toma nota y capitaliza los errores.

Mientras otros partidos imponen disciplina y corrigen desviaciones internas, en Morena reina la impunidad política. En cualquier organización con un mínimo de control, ya se habría puesto un alto a Gorocica y a su círculo cercano. Aquí, en cambio, sus prácticas son toleradas y, en los hechos, premiadas.

El “albazo” que coloca a Diego Carrera al frente de la bancada no es un hecho aislado, sino el reflejo de una estructura fragmentada, dominada por cuotas, egos y pactos personales. Lejos de fortalecer al movimiento, estas maniobras lo debilitan ante la ciudadanía, que observa cómo un partido que prometía transformación reproduce los vicios del pasado.

Si la dirigencia no interviene de inmediato, Morena corre el riesgo de consolidar su fractura interna en Mérida, reduciendo su peso político y convirtiendo su bancada en un instrumento al servicio de unos cuantos, en lugar de una verdadera representación popular.