A lo largo de la Costa Yucateca, donde durante décadas el olor a pescado frito y mariscos recién salidos del mar ha sido parte del paisaje cotidiano, hoy se respira una preocupación creciente. Los restaurantes y comedores tradicionales que dan identidad a los puertos atraviesan una de las etapas más críticas de su historia reciente, atrapados entre la baja afluencia de visitantes y el incremento constante de sus costos operativos.
Propietarios y trabajadores coinciden en que la disminución del turismo ha golpeado con fuerza las ventas. Mesas vacías, cocinas funcionando a medias y jornadas cada vez más cortas se han vuelto escenas habituales en negocios que, por generaciones, han sido el sustento de familias porteñas. Lo que antes se compensaba con temporadas altas hoy ya no alcanza para cubrir gastos básicos.
Uno de los factores que más presión ejerce sobre estos establecimientos es el alto costo de la energía eléctrica. Mantener refrigeradores, congeladores, estufas y equipos indispensables para la conservación de productos del mar se ha convertido en un desafío financiero. Restauranteros señalan que los recibos de luz consumen buena parte de sus ingresos, reduciendo al mínimo cualquier margen de ganancia y, en algunos casos, obligándolos a operar con pérdidas.
La situación resulta especialmente alarmante si se considera que estos negocios han demostrado una gran capacidad de resistencia. Han sobrevivido a crisis económicas, fenómenos meteorológicos severos, temporadas bajas prolongadas e incluso a los efectos de la pandemia. Sin embargo, hoy el panorama es distinto: la combinación de menos clientes y mayores costos amenaza con llevar al cierre definitivo a varios restaurantes en el corto plazo.
De concretarse este escenario, el impacto no sería únicamente económico. La desaparición de estos comedores implicaría la pérdida de una parte esencial del atractivo turístico de los puertos yucatecos, cuya identidad está íntimamente ligada a su gastronomía tradicional. Platillos, recetas y formas de preparación que han pasado de generación en generación podrían quedar relegados al recuerdo.
Además, decenas de familias que dependen directamente de la actividad restaurantera verían comprometido su sustento, afectando también la economía local que gira en torno a estos negocios, desde pescadores hasta pequeños proveedores.
Ante este contexto, restauranteros de la costa hacen un llamado urgente a las autoridades estatales y federales para la implementación de apoyos que les permitan recapitalizarse, enfrentar los altos costos y reactivar la afluencia de visitantes. Advierten que, sin medidas oportunas, la crisis podría volverse irreversible y con ella perderse una de las expresiones culturales y económicas más representativas del litoral yucateco.
La cocina de la costa, sostienen, no solo alimenta a quienes la visitan: es historia, identidad y sustento para cientos de familias que hoy luchan por mantenerla viva.

