La gobernabilidad en Campeche atraviesa uno de sus momentos más complejos desde el inicio de la actual administración. Lo que durante meses fue presentado como un bloque sólido al interior de Morena, hoy muestra profundas fisuras que han dejado a la gobernadora Layda Sansores sin el respaldo mayoritario de su propio partido en el Congreso del Estado.
De los 16 diputados locales que integran la bancada morenista, diez decidieron no acompañar a la mandataria en una de las decisiones más relevantes de su gobierno: la propuesta para autorizar un endeudamiento cercano a los mil millones de pesos. Con esta postura, los legisladores marcaron distancia y evidenciaron que el principal obstáculo para la gobernadora ya no proviene de la oposición, sino de sus propias filas.
De acuerdo con los diputados inconformes, el Ejecutivo estatal pretendía impulsar la iniciativa sin abrir un proceso adecuado de diálogo ni transparentar los alcances del endeudamiento. Señalaron que no se presentaron estudios técnicos suficientes ni se explicó con claridad el destino de los recursos, lo que generó desconfianza y rechazo entre los propios integrantes de Morena.
Esta falta de consensos detonó el rompimiento. Actualmente, Layda Sansores cuenta únicamente con el respaldo de seis legisladores de su partido, una cifra insuficiente para garantizar la aprobación de reformas, presupuestos o proyectos estratégicos. Con este nuevo escenario, el Congreso dejó de ser un espacio de mayorías automáticas y se convirtió en un terreno de negociación constante.
La fragmentación interna complica de manera significativa la agenda gubernamental. Cada iniciativa deberá ser discutida voto por voto, lo que implica mayores tiempos de negociación y una constante búsqueda de acuerdos con otras fuerzas políticas. En este contexto, cualquier error de operación política puede traducirse en bloqueos legislativos o costos electorales.
En medio de esta reconfiguración, la Mesa Directiva del Congreso, encabezada por Ena América García García, enfrenta el reto de conducir los trabajos legislativos en un ambiente marcado por la tensión y la polarización. La conducción institucional será clave para evitar que las diferencias políticas deriven en parálisis legislativa.
Mientras Morena enfrenta su crisis interna, Movimiento Ciudadano emerge como un actor estratégico. Sin protagonismo mediático, este partido se ha colocado como una fuerza decisiva dentro del Congreso. Su respaldo o rechazo puede definir el rumbo de las principales iniciativas, otorgándole un peso político que no había tenido en legislaturas anteriores.
De esta manera, Campeche entra en una etapa inédita: un gobierno estatal sin mayoría sólida, un Congreso fragmentado y una fuerza emergente con capacidad de inclinar la balanza. La lógica de imposición que caracterizó a etapas previas pierde vigencia frente a un escenario donde el diálogo y la negociación se vuelven indispensables.
Para el gobierno de Layda Sansores, el reto es mayúsculo. Recuperar la confianza de su bancada, transparentar sus decisiones y construir acuerdos será fundamental si busca mantener estabilidad política. De lo contrario, la falta de consensos podría traducirse en estancamiento institucional y desgaste rumbo a los próximos procesos electorales.
En adelante, la gobernabilidad en Campeche dependerá menos de los discursos y más de la capacidad real para convencer, explicar y pactar. En un Congreso sin mayorías, cada voto cuenta y cada desacuerdo puede convertirse en un factor determinante para el futuro político del estado.

